miércoles, 16 de marzo de 2011

Testimonio de ebe. Parte III. La chacha

Te voy a seguir contando la situación que ha marcado mi infancia y mi actual persona, a ésta parte la voy a titular la chacha.

Entre los nueve y los diez años mi padre se quedó sin trabajo, estuvo un año y pico, aproximadamente, sin trabajar, así que para que pudiésemos salir adelante mi madre se tuvo que poner a trabajar en una empresa de limpieza, limpiando oficinas.
Trabajaba de seis a dos, así que se levantaba muy temprano para ir a trabajar y se dejaba la comida hecha el día anterior. Pero para que mi padre pudiese dormir y levantarse cuando él quisiera mis hermanos y yo nos teníamos que poner el despertador para levantarnos para ir al colegio, cosa que no suponía ningún problema para pues yo ya hacía un par de años que tenía el mío propio, me había visto obligada a comprarme uno en una tienda de 20 duros (nota: tiendas de precios muy baratos en España), harta de que mi profesora me regañase todos los días por llegar tarde e incluso me amenazase con no dejarme entrar a clase si volvía a pasar, todo porque mi madre se dormía casi todas las mañanas y no me levantaba para ir a clase.

Cuando mi madre se puso a trabajar mi hermana mayor y yo nos repartíamos las tareas, ella se ocupaba de preparar el desayuno para mis hermanos más pequeños y a mi me tocaba la tarea de llevar a mi hermana de tan sólo tres años a la guardería, la cual se encontraba a unos quince o veinte minutos de casa. Recuerdo que en alguna ocasión me quejé a mi hermana del hecho de que siempre me tocase a mi llegar tarde a clase como consecuencia de la responsabilidad de llevar a mi hermanita a la guardería, pero mi hermana siempre me contestaba que no pasaba nada porque como yo siempre llegaba tarde a clase así tenía una excusa para hacerlo...

Luego estaban los fines de semana, que mi madre o se pasaba la mañana durmiendo, o se la pasaba tirada en el sofá viendo la tele, o se iba muy temprano a lo que ella llamaba hacer los mandados, pero el caso es que por una cosa o por otra estaba en esa situación hasta la hora justa de ponerse a hacer la comida, así que nos mandaba a mi hermana mayor y a mi a limpiar la casa, de manera que si nos negábamos nos decía que éramos unas guarras y si le hacíamos caso, al acabar siempre nos daba una palmadita en la expalda acabando con la coletilla "ya era hora que limpiases guarrilla".
Aquella situación resultaba frustrante para mi hasta el punto en que llegó un día en que me rebelé y me negué rotundamente en seguir limpiándole a mi madre la casa, pero no se si fué peor el remedio que la enfermedad, porque cada vez que iba con ella a alguna reunión con mi tutor, o al médico, o incluso cuando estuve en tratamiento psicológico (tratamiento que no me sirvió de nada porque en aquel momento ni yo era consciente de lo que me pasaba de porqué no era capaz de hacer amigos y me pasaba el día encerrada en mi mundo particular de fantasía perfecto e ideal), mi madre siempre le decía a mi profesor, a mi médico o a mi psicólogo que me dijera algo porque yo nunca la ayudaba en las tareas de la casa y, claro, esas personas que no conocían mi situación, o al menos eso prefiero pensar yo, me decían que porqué no le ayudaba a mi madre que era mi obligación ayudarla para convertirme en una mujer de provecho el día de mañana. Aquellas situaciones para mi resultaban humillantes.

Aquella situación en la que mi madre se levantaba a la hora justa de hacer la comida se continuó repitiendo aún después de que ella dejara de trabajar porque mi padre encontró trabajo, incluso se agrababan en las ocasiones en las que a mi padre le tocaba trabajar fuera, días en los que a pesar de todo para mí resultó un alivio, pues mientras mi padre estaba fuera no se vivían en casa las situaciones violentas ni las palizas, recuerdo que temblaba cada vez que mi madre me daba la noticia de que mi padre vendría ese fin de semana, que solía ser uno o dos fines de semana al mes, ahí fué cuando me di cuenta que mi vida sin mi padre era mejor y cuando empecé a suplicarle a mi madre que se separara de él, pero a pesar de tener mi apoyo y el de mis hermanos ella siempre decía que se quedaba a su lado por el bien de mis hermanos y el mío.

Con los años todo fué peor todavía. Con quince años empecé a salir con un chico, tuve mi primer novio. Ante esa nueva situación empecé a sentir inquietudes que antes no había sentido, así que le pedí a mi madre que me enseñase a cocinar para el día de mañana ser una buena esposa (otra de las grandes ideas que mi madre me había metido en la cabeza durante toda mi infancia). Mi madre encantada con la idea me enseñó a cocinar y le sacó mucho provecho pues ya estuve haciéndo la comida para que mi madre tuviera una responsabilidad menos hasta que me casé y salí de su casa. Y aún los primeros meses de matrimonio venía a casa a que le hiciera a mi padre un postre que según mi madre a él le gustaba más cómo lo hacía yo. Esa siempre fué el chantaje que usaba ella conmigo para que yo no dejara de cocinar hasta que me casé, que a mi padre le gustaba más como me salía a mi la comida, y claro como yo tenía esa necesidad de sentirme querida por él y que aún hoy sigo sintiendo pues yo lo hacía feliz y todo.

Lo curioso de todos ésto es que cuando me casé mi madre fue tan inteligente de dirigirse a mis suegros a decirles que yo no sabía cocinar porque nunca había querido aprender, a pesar de los intentos de ella por enseñarme.

Para acabar y por increíble que parezca, yo no fuí consciente del daño que mi madre me había estado haciendo hasta que no fuí madre y leí tu blog Mar, porque hasta que se dieron en mí esas circunstancias yo siempre había visto a mi madre como un Dios, una pobre víctima de mi padre que lo había dado todo y lo había sacrificado todo por mis hermanos y por mi. Pero al ser madre me dí cuenta que hay muchas, muchísimas cosas que mi madre ha hecho conmigo y que a mí jamás se me ocurriría hacerle a mis hijos, y al leer tu blog me sentí tan identificada y me abrió tanto los ojos que me dolió hasta el corazón.

Pero ésto no acaba aquí porque mi madre no contenta con eso también se metió en mis relaciones de pareja, pero eso te lo cuento otro día.

Unas palabras a mi "madre".

"...y entonces comprenderás porque quiero estar lejos de ti..." Cancion cuya letra siempre ha reflejado aquello que, aunque ya se lo he dicho a ella, continua sin admitirlo. Ahora sé que nunca lo hará...ya no me importa. Hice este video para poner imagen a este sentimiento interno, cuando aún no habia podido decirselo en persona, y aproveche para usarlo de deununcia al maltrato infantil y sus consecuencias. Se que es algo triste pero es necesario sacarlo afuera, esta es mi manera de hacerlo. Espero que os guste. NOTA: Pulsa 2 veces sobre el video para ampliarlo, te manadará a Youtube acuerdate de darle a la pausa en el que esta en el blog o los oiras por dos sitios distintos...es obvio pero por si acaso